24 de Diciembre

¿Qué es la agricultura resiliente al cambio climático?

Universitat Carlemany

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El concepto de agricultura resiliente al cambio climático se ha popularizado en los últimos años. Y, por ese motivo, los estudios de Ambientales lo tienen en cuenta. Aquí lo describimos mejor.

La agricultura resiliente al cambio climático: definición y características

Las prácticas de agricultura resiliente están definidas por la FAO, organismo adscrito a la Organización de las Naciones Unidas (ONU). La definición que se da es de la resiliencia según la FAO es la de la "capacidad de prevenir desastres y crisis, así como de preverlos, amortiguarlos, tenerlos en cuenta o recuperarse de ellos a tiempo y de forma eficiente y sostenible". Pues bien, eso, aplicado a la agricultura, implica una serie de buenas prácticas para conseguir ese objetivo.

Es relevante señalar que la agricultura resiliente se tiene que aplicar siempre que sea posible. Al fin y al cabo, cada territorio tiene su idiosincrasia y peculiaridades. Y, aunque se trata de mantener unas buenas ratios de conservación, a veces es imprescindible conseguir unos rendimientos mínimos. No se trata, pues, de convertirse en neoluditas; se trata, precisamente, de aprovechar los beneficios que nos brindan las nuevas tecnologías para producir más sin dañar el entorno.

Hay que indicar que las buenas prácticas tienen que ser sostenidas en el tiempo, pues solo así serán efectivas. No en vano, la relación entre resiliencia y ecosistema es bidireccional. Hay que destacar los siguientes ejemplos de agricultura resiliente:

 

1. Utilizar cubierta vegetal permanente en los suelos

El uso de cubierta vegetal permanente en los suelos es una de las formas de evitar su desgaste. No en vano, uno de los principales problemas relacionados con el cambio climático es la desertización. Pues bien, de esta manera se minimizarán esos riesgos y, además, se mantendrán los niveles de fertilidad. Hay que señalar que esta es una inversión de futuro, aunque en un primer momento pueda ser costosa. 

2. Rotación de cultivos

La rotación de cultivos es otra de las maneras de sacar el máximo partido al suelo sin desgastarlo en exceso. Por ejemplo, la combinación de cultivos en verano e invierno permiten reducir el desgaste, la necesidad de fertilizantes y aporta biodiversidad. En los últimos años, la Unión Europea (UE) ha recomendado este tipo de prácticas. Es bueno, por lo tanto, seguir esta pauta porque, además, resulta más productiva; no en vano, la revolución agrícola consistió, en parte, en este sistema.

3. Alterar los suelos lo mínimo posible

La premisa principal es alterar los suelos lo mínimo posible. Y esta cuestión es importante porque, para evitar el desgaste, te conviene aplicar fertilizantes para que no haya problemas. Hay que señalar que la alteración de los suelos puede ser de doble filo, si no se tiene en cuenta la climatología natural. Por lo tanto, comprobar el PH original y los cambios que se quieren aplicar es fundamental.

4. Optimizar el uso de productos agroquímicos y utilizarlos correctamente

La optimización del uso de productos agroquímicos es otra de las claves a tener en cuenta porque favorece la resiliencia del suelo. Si bien los fertilizantes pueden ayudar, y mucho, a las cosechas, estos se tienen que aplicar en la medida adecuada. Y, por supuesto, hay que asegurarse de que el producto en cuestión sea compatible con el suelo. No en vano, muchos problemas están asociados al empleo incorrecto de productos agroquímicos. 

5. Implementar estrategias de riego deficitario

La implementación de estrategias de riego deficitario es una de las formas de ahorrar agua. Básicamente, consiste en que se administre el agua justa y necesaria en función de las distintas fases del cultivo. Hay que señalar que las necesidades de agua de un cultivo varían según el momento. En consecuencia, no está de más que se apliquen estas técnicas, aunque requerirán de una infraestructura previa. A la larga, el ahorro de recursos es enorme, sin que eso afecte a la productividad.

6. Utilizar tecnologías modernas para una agricultura resiliente

El uso de tecnologías modernas puede y debe contribuir a una agricultura sostenible y que luche contra el cambio climático. Por ejemplo, la implementación de estrategias de riego deficitario más eficiente es posible gracias al desarrollo de sensores conectados a internet, que permite enviar órdenes a distancia. Esto implica que las nuevas tecnologías ayudan a mantener el entorno y a luchar contra el cambio climático. Hoy existen multitud de posibilidades que, sin duda alguna, servirán para marcar la diferencia.

7. Sembrar en las lindes

La siembra en lindes, dentro de un cierto control, es otra de las técnicas que facilitan unas prácticas de agricultura resiliente. Además, pueden ser una buena forma de bloquear el paso de especies invasoras, lo que redunda en favor de los usuarios. Este es un cortafuegos perfecto, de ahí que en ocasiones se recomiende aplicar esta técnica.

8. Considerar en conjunto de las prácticas agronómicas, técnicas y económicas en el riego

Las prácticas agronómicas, técnicas y económicas en el riego se tienen que considerar en conjunto. No en vano, el binomio entre tecnología y desarrollo agrícola tiene que verse desde una perspectiva holística. De esta manera, resultará mucho más sencillo implementar las distintas posibilidades existentes. El principio general es el de implementar una planificación integral. 

9. Creación de estructuras de retención o zonas tampón para evitar escorrentías

Uno de los problemas recurrentes con la fertilidad de los suelos es el de las inundaciones. En primer lugar, porque un suelo anegado es un suelo en el que no se puede cultivar con normalidad en Occidente. Por otra parte, porque la acción de la escorrentía elimina nutrientes de los suelos y los puede esterilizar. En consecuencia, una política de agricultura resiliente es aquella que se centra en administrar correctamente los flujos del agua, evitando escorrentías y creando pozos. 

10. Medidas para fomentar la biodiversidad

Las medidas para fomentar la biodiversidad son otra de las opciones interesantes para evitar problemas. Ahora bien, esto se consigue teniendo en cuenta varios puntos. En primer lugar, evitar el monocultivo siempre que sea posible. Por otra parte, realizar aprovechamientos múltiples. Finalmente, cultivar especies enraizadas en el paraje. Todas estas cuestiones servirán para marcar la diferencia y, sobre todo, para fomentar una agricultura resiliente.

Conclusión

La agricultura resiliente es aquella que tiene en cuenta el medio y que, por lo tanto, intenta no degradarlo sin comprometer la productividad. Es bueno, pues, que conozcas mejor el concepto y cuáles son los principales ejes que se están implementando.